La Playa

Era un día de verano, la playa estaba repleta de gente, el calor comenzaba a ser sofocante, eran las once de la mañana y había quedado a las once y cuarto con mis amigos Leonardo y Evaristo para disfrutar de un día de descanso. Todavía no teníamos las vacaciones y al día siguiente debíamos cumplir con el trabajo, así que me había metalizado para no excederme demasiado en ciertos aspectos como tomar demasiado el sol, dar volteretas en la arena abrasadora o quedarme demasiado tiempo en el agua y arriesgarme que las medusas se cebaran conmigo.

La noche anterior quedamos de acuerdo que nos llevaríamos los bocadillos a la playa y en el chiringuito nos compraríamos las bebidas desea manera se mantendrían más frías. Eran las once y media y nada hacía presagiar que aparecieran mis amigos, sin embargo a lo lejos surgieron sus siluetas, concretamente cuatro siluetas, eran mis dos amigos acompañados de dos chicas, que parecían por sus sonrisas que estaban muy alegres. Seguramente que si las dos chicas que acompañaban a mis amigos supieran que mis amigos ya tienen novia, no sonreirían tanto. Me presentaron a sus amigas, Rosa y Sonia. En aquel momento quería cogerlos y matarlos, habíamos quedado para estar solos, cuando hay chicas al lado, no puedes hablar de ciertos temas. De repente mi orgullo estuvo tocado y quise vengarme. Les dije que yo también estaba esperando a dos amigas que había quedado con ellas y les dije que estarían en el chiringuito que se podía ver a lo lejos, desde donde estábamos nosotros. Me levanté y me dirigí al chiringuito con la sensación de que no iba a funcionar mi plan. Al llegar un muchacho de piel tostada que se llamaba Silvestre estaba despachando bebidas refrescantes. Muy cerca habían dos rubias tomando el sol, y creí que esa era mi oportunidad. Les dije si podían hacerme un favor, les daría 50 euros para las dos, si me acompañaban a donde estaban mis amigos y sus dos ligues, y después de 10 minutos con la excusa de una llamada urgente se marcharían. Accedieron pero si les pagaba antes los 50 euros. Andaba junto a mis dos rubias con una sensación gratificante, de sentirme vencedor, pero esa idea fue peor. A las dos rubias que me acompañaban se les cambio la cara cuando vieron a Leonardo y Silvestre, eran sus novias, las dos amigas Ana y Lola se percataron de la conversación. Al final todo se aclaró, mis dos amigos engañaron a sus chicas diciendo que iban a otro sitio y ellas hicieron lo mismo con mis amigos, pero la idea de los cuatro era ir a la playa, y ese día cambio nuestras vidas, pasamos un día esplendido, y con el tiempo formamos matrimonios, yo me casé con la novia de Leonardo, Leonardo se caso con la novia de Evaristo. Evaristo se caso con Rosa y Sonia con Silvestre el camarero del chiringuito. Quién nos iba a decir que ese día que pintaba tan mal fuera al final una gran sorpresa.